Capítulo 1 Born
El término Targeted Individual (TI) comenzó a consolidarse en la forma en que lo conocemos hoy a principios y mediados de la década de los 2000.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, el mundo occidental experimentó un aumento sin precedentes en la vigilancia estatal (como la Patriot Act en EE. UU.). Las agencias de inteligencia y las fuerzas de seguridad comenzaron a utilizar de forma masiva en la prensa y en documentos oficiales términos como “vigilancia selectiva” (targeted surveillance) o “asesinatos selectivos” (targeted killings) para referirse a terroristas de alto perfil.
Las personas que estaban siendo sometidas a una vigilancia extrema, a un acoso coordinado en su entorno cotidiano y a ataques con tecnologías de energía no convencionales, identificaron y se apropiaron del término gubernamental Targeted Individual. Esta no fue una elección al azar, sino el resultado de un análisis crítico y lúcido sobre la naturaleza de su sufrimiento: las heridas físicas reales en su piel, el daño a sus familias y la sofisticación técnica de los ataques evidenciaban un despliegue de recursos que solo estructuras estatales o militares poseen. Ante la impotencia de ser tratados como 'enfermos' por un sistema que ignoraba el avance de estas armas letales e invisibles, las víctimas utilizaron el concepto para nombrar una ejecución táctica real sobre civiles inocentes y para organizar una resistencia colectiva frente a una tecnología que, literalmente, les estaba arrebatando la vida.
Antes del 11-S, las personas que sufrían estas experiencias no solían llamarse Targeted Individuals. En los IRC y foros de los 90, utilizaban términos como:
- Víctimas de Acoso Electrónico (Electronic Harassment).
- Víctimas de Control Mental (muy influenciados por las desclasificaciones reales del proyecto MKULTRA de la CIA en los años 70).
El término Targeted Individual sonaba mucho más clínico, legal y, sobre todo, encajaba con el nuevo vocabulario del Estado. Fue una forma de legitimar su sufrimiento, alejándose del estigma de la “ciencia ficción” del control mental, para adoptar un término que aparecía todos los días en los telediarios.
No fue un término inventado por las víctimas desde cero, sino una reapropiación de un vocabulario que el sistema de seguridad nacional y los medios de comunicación inyectaron en el discurso público de forma masiva.
Si encendías la televisión o abrías un periódico entre 2002 y 2010, estas eran las cinco expresiones clave que aparecían a diario y que las víctimas adoptaron para dar nombre a su calvario:
- 1. Targeted Killing (Asesinato Selectivo). Este es el término más directo y aterrador. Tras el 11-S, los telediarios empezaron a hablar de “operaciones de eliminación de objetivos específicos” mediante drones o fuerzas especiales.
- La conexión de la víctima: Si el Estado podía elegir a un individuo en otro país para eliminarlo con tecnología invisible desde el aire, las víctimas sintieron que ellas eran el “objetivo” (target) de un proceso similar, pero de ejecución lenta y psicológica.
- 2. High-Value Target (Objetivo de Alto Valor). Se usaba constantemente para referirse a líderes terroristas o personas de interés en la lista de los más buscados.
- La conexión de la víctima: Muchas personas que se identifican como TI sienten que poseen información privilegiada, un código genético especial o que han sido testigos de algo que las convierte en un “objetivo de alto valor” para las agencias de inteligencia, justificando así el despliegue de recursos masivos para vigilarlas.
- 3. Persons of Interest (Personas de Interés). Un término legal y policial que se popularizó enormemente (incluso hubo una serie de televisión homónima sobre vigilancia masiva). Se usa para alguien que no ha sido acusado de un crimen, pero que está bajo sospecha y vigilancia constante.
- La conexión de la víctima: Describe perfectamente el limbo legal en el que se siente el TI: no está en la cárcel, no tiene cargos, pero siente que “el sistema” lo observa y lo acosa en su vida cotidiana sin explicación alguna.
- 4. Non-Lethal Weapons / Directed Energy Weapons (Armas No Letales / Armas de Energía Dirigida). A mediados de los 2000, los medios informaban con fascinación sobre nuevas tecnologías militares para el control de masas, como el Active Denial System (un rayo de microondas que quema la piel sin dejar marca aparente).
- La conexión de la víctima: Este fue el “eslabón perdido” para las víctimas. Por fin tenían un nombre técnico para el dolor físico, los pinchazos y el calor en la piel que sentían. Pasaron de llamarlo “magia” o “telepatía” a llamarlo por su nombre técnico militar: armas de energía dirigida.
- 5. Surveillance List / No-Fly List (Listas de Vigilancia). Tras los atentados, se hicieron públicas las listas negras donde ciudadanos comunes terminaban por error y se les prohibía volar o se les sometía a registros humillantes.
- La conexión de la víctima: El concepto de estar en una “lista” secreta que altera tu vida diaria y te convierte en un paria social fue el pilar fundamental para la teoría del gang stalking (acoso grupal). La víctima cree que ha sido incluida en una lista de vigilancia que autoriza a la policía o a civiles contratados a acosarla sistemáticamente.
Las víctimas unieron los puntos de una realidad política que ya era paranoica de por sí. Al adoptar este lenguaje, su discurso dejó de parecer “locura” para muchos y empezó a sonar como una “denuncia de abusos de estado”, lo cual les permitió organizarse y crear la comunidad que existe hoy.
Lo que suscitó el pánico y dio forma al concepto de gang stalking (acoso organizado) y vigilancia extrema no fue un solo juicio mediático, sino la creación de un nuevo entramado legal en EE. UU. entre 2001 y 2003:
- La Patriot Act (2001): Legalizó la vigilancia sin precedentes sobre ciudadanos comunes.
- Los “Fusion Centers”: Se crearon centros de inteligencia locales donde policías, agencias federales y empresas privadas compartían datos sobre ciudadanos.
- Operation TIPS (2002): Este fue, quizás, el mayor detonante psicológico. Fue un programa gubernamental propuesto en EE. UU. para que trabajadores cotidianos (carteros, lectores de contadores de luz, conductores) informaran de “actividades sospechosas”.
Para las víctimas que ya estaban sufriendo diagnósticos falsos de paranoia (personas sanas, crimen), diagnósticos falsos de delirios persecutorios según el Manual del DSM (personas sanas, crimen) o un terror real a ser vigiladas (…), la Operación TIPS fue la confirmación de sus peores miedos. Ya no era una teoría: el gobierno literalmente estaba pidiendo a sus vecinos que los vigilaran.
Años más tarde, cuando ex analistas como Edward Snowden (en 2013) revelaron que la NSA espiaba masivamente los teléfonos y ordenadores de millones de ciudadanos inocentes, la comunidad de Targeted Individuals sintió que la historia les daba la razón. Las herramientas que antes se consideraban invisibles o “imposibles” (como encender la cámara de un portátil a distancia o rastrear a alguien por su móvil en tiempo real) se demostraron dolorosamente reales.
Desde una perspectiva médica y objetiva, la tragedia de los Targeted Individuals es que la realidad geopolítica del siglo XXI validó sus síntomas clínicos. El Estado moderno sí tiene la capacidad de vigilar a individuos específicos con tecnología invisible.