Concepto acuñado por el psicólogo Leon Festinger en 1957. Nuestro cerebro tiene una necesidad innata de coherencia. Cuando percibimos una inconsistencia, se activa una señal de alarma (el malestar).
La disonancia no nace de tus propios actos, sino del choque entre tu modelo de la realidad y la información entrante. Cuando alguien te cuenta algo real que suena a locura, se produce un fenómeno llamado disonancia por desconfirmación de creencias. Tu cerebro entra en conflicto porque no puede procesar dos realidades opuestas simultáneamente.
Para eliminar el malestar de la duda, solemos activar varios mecanismos de defensa automáticos:
En psicología, cuando la información es “demasiado loca”, ocurre lo siguiente:
Hasta finales del siglo XVIII, la comunidad científica creía que era imposible que cayeran piedras del cielo. Cuando los campesinos informaban de ello, los científicos experimentaban disonancia cognitiva y decían que eran “fantasías de gente ignorante” o “efectos de los rayos”. Solo cuando la evidencia fue imposible de ignorar, tuvieron que pasar por el doloroso proceso de admitir que su realidad estaba incompleta.