Funcionan como parejas en el piso de arriba.
Están en comunicación con un piso colindante. Cuando pasa algo “nuevo”, que se les sale del guión, salen del piso de arriba. De inmediato. No hay pestañeos ahí. Resuelven la cuestión. Y vuelven.
En el piso de arriba hay mínimo, dos personas, de diferente sexo prácticamente siempre, por turnos, con un arma de energía dirigida, que manejan de forma remota con sus móviles.
Han convertido el teléfono móvil en un arma que puedes llevar en el bolsillo que incluso un policía te puede pedir para realizar una llamada porque su móvil se le ha quedado sin batería.
Las armas de energía dirigida funcionan a la velocidad de la luz.
Mantienen constantes los disparos que ejecutan.
Los disparos de sus armas tienen dos lados:
UNO. Molestia, dolor, daño o muerte para quien recibe el disparo.
DOS. Metadatos constantes para que realiza el disparo. Sobre todo lo medible que les resulte de interés. Para empezar,
El tipo de disparo utilizado.
La intensidad del disparo.
¿Tienen un límite de tiempo? Eso jamás ocurre aquí.
No cesan. Todos juntos son como una máquina que me mantiene en una prisión electromagnética sin muros constante los 86.400 segundos del día, cada día.