En primer lugar, sustituiré la palabra «inconsistencia» por un término que conlleva una menor connotación lógica: la disonancia. Asimismo, sustituiré la palabra «consistencia» por un término más neutro: «consonancia».

Las hipótesis básicas que deseo exponer son las siguientes:

1. La existencia de disonancia, al resultar psicológicamente incómoda, motivará a la persona a intentar reducir dicha disonancia y alcanzar la consonancia.

2. Cuando existe disonancia, además de intentar reducirla, la persona evitará activamente situaciones e información que probablemente aumentarían la disonancia.

En lugar de «disonancia» se pueden emplear otras nociones de naturaleza similar, como «hambre», «frustración» o «desequilibrio», y las hipótesis seguirían teniendo perfecto sentido.

En resumen, propongo que la disonancia —es decir, la existencia de relaciones de incompatibilidad entre cogniciones— constituye por sí misma un factor motivador.

Por el término «cognición», tanto aquí como en el resto del libro, entiendo cualquier conocimiento, opinión o creencia sobre el entorno, sobre uno mismo o sobre la propia conducta.

La disonancia cognitiva puede considerarse una condición antecedente que impulsa a realizar actividades orientadas a reducir dicha disonancia, del mismo modo que el hambre conduce a actividades encaminadas a mitigarla. Se trata de una motivación muy distinta de aquellas con las que suelen trabajar los psicólogos, pero que, como veremos, no deja de ser poderosa.