La Human Research Subject Protection Act (o leyes con nombres muy similares como Protection for Participants in Research Act) nunca llegó a ser votada en el pleno del Congreso (Cámara o Senado).
No fue rechazada por falta de votos en una votación final, porque jamás salió de la comisión para llegar a una votación general.
Estas leyes fracasaron o “se echaron atrás” debido a la oposición combinada de grupos de lobby poderosos que temían que la nueva legislación ralentizara o encareciera la investigación médica y farmacéutica.
Los proyectos de ley (como el S. 193 de 1997 de John Glenn, o las versiones de Diana DeGette en 2000, 2002, 2003 y posteriores) fueron introducidos, pero su estado oficial en todos los casos fue:
“Referred to Committee”: Derivados a la comisión correspondiente (como el Subcommittee on Health de la Cámara de Representantes o el Labor and Human Resources en el Senado).
“No further action”: No hubo ninguna acción posterior. Mueren en la comisión y nunca llegan a la votación del Congreso entero.
Aunque no hubo una votación final, el análisis de las audiencias, los testimonios y la dinámica política de la época revela los siguientes oponentes clave:
Este fue el grupo de mayor influencia. Organizaciones como la Pharmaceutical Research and Manufacturers of America (PhRMA) y la Biotechnology Innovation Organization (BIO) se opusieron firmemente.
Argumento: Sostenían que la ley imponía cargas administrativas excesivas, duplicaría los costos de los ensayos clínicos y retrasaría la aprobación de nuevos medicamentos, lo que pondría en riesgo la innovación y el acceso a tratamientos para los pacientes.
Acción: Realizaron una intensa campaña de lobby para convencer a los miembros de las comisiones de que la legislación no era necesaria o era dañina para la economía.
Grandes instituciones académicas y grupos como la Association of American Universities (AAU) y la Association of American Medical Colleges (AAMC) se mostraron reacios o se opusieron.
Argumento: Advertían que la ley crearía un sistema de cumplimiento rígido y burocrático que sofocaría la investigación básica y clínica en las universidades, especialmente si se aplicaba a toda la investigación privada y no solo a la financiada por el gobierno.
Interés: Temían perder la autonomía de sus propios Comités de Revisión Institucional (IRBs) y enfrentar sanciones financieras severas.
Durante la administración de George W. Bush, la postura del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) fue de resistencia a la expansión de la regulación federal.
Argumento: Se argumentaba que las regulaciones actuales (la “Common Rule”) ya eran suficientes y que una ley nueva sería redundante o perjudicial para la agilidad regulatoria. La FDA a menudo se oponía a cambios que pudieran complicar sus propios procesos de revisión de ensayos clínicos.
El sistema del Congreso permite que las comisiones “ahoguen” una ley:
La ley no fue “votada en contra” por los legisladores en el suelo del congreso. Fue bloqueada en las comisiones gracias a la oposición de la industria farmacéutica, las grandes universidades y la administración federal de la época, que lograron convencer a los líderes de las comisiones de que no era necesario avanzar con la legislación.